Reflexión
poética a cargo del grupo de teatro Maguey
La vida política de Micaela Bastidas, esposa del revolucionario Túpac Amaru, una de las mujeres más importantes del Perú y quizás de Latinoamérica, es reflexionada por el grupo Maguey.
Han pasado 231 años de su muerte en manos de los españoles, sin embargo, la obra teatral nos invita a mirar el presente, en esa búsqueda de justicia y libertad por la que ella luchó.
La
obra interpretada por la destacada actriz Luisa De Zela, muestra el coraje de
Micaela, su firmeza y apoyo a su esposo y a la revolución, convencida de la
importancia de la lucha del pueblo indígena en contra de los españoles. En
contra del “entierro” de su lengua materna: el quechua, de sus danzas, de la
cultura indígena que habían prohibido ejercer tajantemente los conquistadores.
La
obra dirigida por Wily Pinto teje cuidadosamente la acción, el silencio, los
objetos y la música, todo en una poética rítmica impresionante. Una de las
constantes de este director es el cuidado por una lectura más profunda, un
sub-texto o partitura reflexiva. Pinto, invita a descifrar no sólo la poesía del
texto, sino también la utilización y transformación de cada objeto, la acción y
por supuesto la música.
Es
imposible no hablar de la música en vivo, construida por instrumentos no
convencionales y otros más bien tradicionales como tarkas, pinkullitos, piedras
tambora, utilizados en las culturas andinas. Aquí la ejecución en perfecta
sincronización con la acción de la actriz, está a cargo de Liz Espinoza. Ella
transforma a la música en un “personaje” dándonos una composición armónica
impecable.
La
actriz aparece sigilosa al son de la luz de una vela, la contorsión de sus pies
y sus caderas son precisas tallan un lenguaje firme y sereno. Micaela se
presenta atenta y convencida de su destino, del amor a su esposo, a sus hijos y
a su país.
Los
matices del carácter y sentimientos de Micaela se tiñen de pasión, de sangre,
vida, ternura, juego y coraje; expuestas tras la tela roja que domina y
trasforma en increíbles imágenes, reflejando a la mujer en su plenitud.
Los
sentidos del público son enaltecidos y ayuda a impulsar eso que Eduard y Elsa
Punset (neurocientíficos), definen como el entrenamiento mental que sólo se
logra a través de los sentidos y que podría ser la fórmula de la felicidad y la
longevidad. La obra no está hecha solo para verla y oírla, se respira el olor
de la chamanería andina, es un viaje lleno de texturas y colores.
Las
mariposas de la muerte que rozaron el corazón de Micaela con sus alas, no hablan
de duelo, ni de entierro, sino de intensidad y de búsqueda, de renovación y de
vida limpia. La lucha de Micaela no se vio deshecha a pesar de su dolor por la
muerte de su marido o a pesar de la angustia de saber que sus hijos podrían
quedar en orfandad.
Ello y
la lectura conquistadora, que es metafóricamente la conquista sobre nosotros
mismos, lleva a reflexionar en la capacidad constructora de la mujer, por un
país mucho más justo, menos cursi y más pragmático, que ayuda a idear,
creativamente, un país con menos indiferencia y más igualdad.
